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Archive for the ‘Excursiones’ Category

Cuba

A finales de noviembre me mandaron a Cuba. Un poco de chapa y pintura a los equipos de allí, nada realmente urgente.
Un mes antes, avisan a las oficinas afectadas (donde trabajo y donde tengo que ir), piden un presupuesto, se aprueba y ¡listo! Ya tenemos viaje con presupuesto aprobado. Aunque después el iSex se tome 2 semanas para hacer la transferencia desde la cuenta de España a la cuenta de la oficina en Miami (en $), para después yo tener que cambiarlos a pesos dominicanos…
Salimos un domingo a mediodía, llegamos al hotel ya de noche, y el lunes toca ir a trabajar. El hotel cobra 8$ cada hora de internet, así que nada, desconectaremos, que siempre viene bien.

Durante paseo desde el hotel hasta la oficina, algo más de 2 km, me doy cuenta de la tranquilidad que hay, comparando con Santo Domingo (eso que a un coche se le salió una rueda directriz y casi invade la acera a un par de metros de mí 😀 ). Una avenida ancha, con un paseo central, gente caminando por la calle a las 8 de la mañana, coches circulando, y aire que se puede respirar. Antes de llegar, un parquecito con unos árboles enormes con unas raíces aéreas considerables.

Me salto la calle que tocaba (en el barrio (Miramar) van numeradas, pares de oeste a este, impares de norte (mar) a sur) porque el cartel estaba medio borrado y el 2 me pareció un 4. Llego a la oficina: una casita de 2 plantas con jardín (y un generador gasoil del tamaño de un coche). Techos altos, todo amplio y en buen estado, agradable. Conozco a la gente, la oficina, pierdo el tiempo y me pongo a mirar como está todo montado. La conexión a internet es lenta, pero es mucho para el país. La solución sería saltarse a Fidel y montar una parabólica directa al satélite de turno (como la embajada…), pero la oficina no puede. Los ordenadores, la mitad son como los de Santo Domingo o incluso algo mejores. Los otros, son de otra época, peores que los que dan de baja en otras oficinas. El icex es así. Varias pantallas de tubo en el 2012, recortando gastos a los becarios. Y los consejeros, agregados y demás calaña, cobrando sueldos insultantes (y después no son capaces de reclamar que no se lo bajen un 10% a los becarios de su oficina dominicana, cuando ellos cobran en un mes nuestra dotación anual).

A las 15:30 la oficina cierra y yo soy libre para hacer turismo. Voy aprendiendo cosas como los “almendrones” o “máquinas”: los coches americanos antiguos típicos de Cuba, hacen rutas y te llevan por 10 pesos cubanos (unos centimillos) de un barrio al siguiente. Por el doble, del hotel a la Habana vieja.  (Los taxis te cobran 10 CUC,  peso convertible a dólar (1 CUC = 1 $) ). También puedes encontrar algún ilegal que intenta llevarte con los Lada o Moskvitch de los años 70.

En un supermercado, cerca del hotel, tenían pasillos enteros de, por ejemplo, arroz o tomate triturado. Pero faltaban muchas cosas de las que no había nada o casi nada (o a precios muy altos).

La pizza cubana, masa de pan, de un palmo de diámetro, que cuesta también 10 pesos cubanos. Hay alguna pizzería de pizza normal por unos 5$. Pero si vas a una paladar, un restaurante en una casa o piso privado, te sale a precios europeos. Estuve en “La guarida”, una paladar que empezó en el negocio después de que rodaran allí la película “Fresa y chocolate” y se hiciera el sitio famoso. Buen sitio, recomendado por guías  de viaje, y buena compañía, pasando un buen rato.

Anochece pronto, a las 18:00 (en invierno) es de noche, pero nos pateamos desde Vedado hasta la Habana vieja, sin miedo a que se haga de noche y te asalten, como en Santo Domingo. Un alivio caminar incluso entre calles destrozadas, casi sin luz, con pequeños comercios que intentan sobrevivir como pueden. Niños jugando en la calle, ajenos a los pocos medios y las paredes desconchadas. Edificios que hace 50 o 100 años debían ser impresionantes, pero que se están echando a perder. Renovar y sanear la Habana Vieja costaría mucho más de lo que el régimen deja a su población, pero quedaría algo en lo que perderte durante días y meses, admirando las calles y edificios. Se van renovando poco a poco algunos para montar comercios, siempre del estado (o del alcalde, más de lo mismo).

La gente, necesitada. Te intentan vender lo que sea, se ponen pesados, te perguntan cualquier cosa para saber de donde eres. Con sus sueldos es difícil vivir, casi todo el mundo tiene algún negocio por detrás. Te ofrecen taxis, bicitaxis, etc a cada paso que das. Pero con todo, la gente es más feliz, con una mentalidad mucho más sana que la dominicana, en general mucho más vacía y podrida. Por un lado te da pena su situación, por otra piensas como serían con el dinero y corrupción de otros lugares.

Pero intentas dejar de mirar más allá, y disfrutar de la ciudad, que hay mucho por ver y vale mucho la pena hacerlo.

El sábado lo tenía libre, así que daba tiempo para ir de excursión. Valle de Viñales, hacia el oeste, mucha vegetación, zona kárstica con cuevas y mogotes. Un paseo en barca por la cueva del indio, y visita al mural de la prehistoria (de hace 60 años :D). También a una fábrica de puros y otra de ron.

El domingo a primerísima hora, de vuelta al aeropuerto y de vuelta a la incivilización. 3 semanas después, todavía echo de menos La Habana 😦

De vuelta a la cutrez

Si no fuera por los alquileres absurdamente altos para extranjeros (para el régimen no es absurdo, ellos mantienen así su revolusión)  y la casi imposibilidad de tener internet normal en casa, pediría quedarme allí (el icex no me va a subir el sueldo y no podría pagar nada donde vivir). Por cuenta propia sería imposible, cualquier negocio que se introduzca allí va intervenido por el estado. Los extranjeros que viven, van enviados desde sus países por embajadas o multinacionales y con sueldos europeos (altos).

Hasta pronto, volveremos 🙂

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(¡Vamos a la playa!)

Después de un mes en Santo Domingo, por fin me he animado a ir a la playa.

He salido de casa, he bajado una cuadra, hasta la calle independencia, he esperado casi nada en la parada de bus, y he cogido un bus urbano (de la OMSA), porque sabía que iban al parque Enriquillo, donde se cogen las guaguas que van hacia, por ejemplo, las playas del este. También hay otro buses más pequeños y un poco más destartalados, o los conchos o carros públicos. Pues el bus estaba hasta los topes. Coges un bus de Barcelona hasta los topes, y metes 15 personas más. Sin aire acondicionado… Pero bueno, me ha costado 10 o 15 pesos (20 o 30 céntimos) y no he tardado demasiado. Durante el viaje, me han llamado por teléfono, pero entre el ruido y que el que el tío me hablaba muy rápido con ese acento que aún no termino de coger del todo, no entendí ni quién era ni qué quería. Creo que dijo algo de un robo (¿quizá el robo de mi móvil? Mi número dominicano no lo tiene nadie que me fuera a llamar por eso :?). Le llamé más tarde y no me contestó a la llamada.

Me bajé y me dirigí hacia el parque Enriquillo, y antes de llegar me vino un tío a preguntar que a dónde iba. Y me llevó hacia el bus que me llevaría a la playa. Eso es saber como tratar a los posibles clientes 😀 Resultó que esa guagua era el expreso. Que no para por el camino (¡y tenía aire acondicionado!). Mientras esperaba, y por el camino, saqué mi libro de gramática búlgara básica, a ver si me animo por fin a aprender a hablarlo, no sólo a medio entenderlo. Ya que iba solo a la playa, tener algo que leer. Al bajar, como iba un poco perdido, otro español que había venido en el mismo bus se apiadó de mi, me explicó un poco donde era la playa de Juan Dolio (donde estábamos) y para donde quedaba Guayacanes (la playa antes de llegar a esta). Al final fuimos juntos a la playa, pues él también iba solo y estuvimos hablando bastante y no estudié más búlgaro 😀 (La frase del título ya la conocía de hace tiempo :P)

La playa, a la entrada, tiene varios chiringuitos y tumbonas y sombrillas, bastante gente, familias enteras es lo normal. Nosotros fuimos unos metros más allá, en un sitio con tanta calma que hasta me sorprendió la tranquilidad. Después de todo el bullicio, ruido y prisas de la ciudad, me dí cuenta que necesitaba un sitio así para desconectar un poco. Aquí no cubría mucho el agua, y había un prado de algas a pocos metros de la orilla, sobre el que nadé mientras me rozaban las algas más altas 😀

El agua, transparente, de color azul claro, no demasiado caliente.

A la vuelta, me despedí de mi nuevo amigo, él se fue hacia el pueblo cercano, y yo en sentido contrario, hacia Santo Domingo. Cogí la primera guagua que pasó, que no era expreso, no tenía aire, iba casi llena, pero costaba menos que la otra. En marcha corría el aire, y las paradas las hacía en medio de la autopista rápidamente. Y fui sentado y cómodo todo el viaje. Suficiente y de sobras. Otra vez en el parque Enriquillo, pregunté como ir para mi casa, y me guiaron para coger un bus, de los pequeños, como con el que había venido desde la playa, pero que iba donde quería. Uno de los miles que pueblan la ciudad y que he adelantado ya en innumerables ocasiones con la moto. Desde dentro no se ven tan mal como parecían desde el exterior. Con las ventanas abiertas, veía las calles por donde pasaba. Un tramo estaba llena de sedes de partidos políticos. Más adelante ya empecé a conocer las calles (por ahí había ido al hospital el día del dedo (la uña parece que se va a caer, pero no se decide, se ha abierto una brecha en el nacimiento de la misma) y en nada llegué a mi destino sano y salvo. Misión cumplida 🙂

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El primer día compartimos taxi para ir a trabajar la otra becaria de la oficina (María) y yo. Esto parece el título de un cómic…

Aquí los taxis cobran por recorridos preestablecidos, y recorrer los 2 km que separaban la oficina de donde cogimos el taxi costaba 150 pesos (¡3 euracos!). El taxi hizo un zig-zag para evitar las innumerables retenciones (aquí llamadas tapones) que se forman en las principales calles. Llegamos a tiempo y conocimos a toda la gente de la oficina y la distribución de ésta. Después de ver el desastre de pseudo-CPD y crearme un usuario, tocaba trabajar.

Al salir, la compañera de piso de María, Elisa, que estaba buscando un sitio para poder establecerse definitivamente, le dijo de quedar en un centro comercial cercano, y mientras ella y yo nos dispusimos a conseguir cosas necesarias como dinero y una tarjeta prepago. Compré un transformador para los 110V americanos pero no pude hacerme una prepago por no tener encima un móvil libre, ni el pasaporte, que se lo habían quedado para los trámites del visado de un año. Al final Elisa no vino y cogimos otro taxi, que nos cobró 170 pesos. Después de pasar a conocerla y ver el piso en el que estaban mientras buscaban otro, volví a casa y cené leche con cereales, todavía lo único que tenía.

Al día siguiente fuimos a trabajar caminando, recorriendo calles, algunas medio destrozadas, otras llenas de montones de basura, y todo con un calor asfixiante, pero llegamos a trabajar.

Yo le había comprado al anterior becario una escúter pequeñita, y él se la había dejado a una amiga suya, Ruth, para que me la guardase. Le llamé y quedé a partir de la 8 de la tarde en su casa.

Después de trabajar fui al super de al lado de casa, que tiene una música del estilo del mercadona, pero mucho peor 😀

Después de recorrer y mirar todo lo que tenían, me metieron toda la compra en cientos de bolsas (aquí llamadas fundas) sin que yo pudiera evitarlo, y un pobre haitiano las cargó en un carrito y me lo llevó a casa. Y yo no tenía nada más pequeño que 500 pesos (10 €) para darle y no le dí nada, y quedé como un tacaño… creo que esta gente vive de las propinas, me supo mal.

Me puse a limpiar la nevera, para poder meter la compra y se me pasó el tiempo y me acordé de la moto. Guardé todo y me dispuse a salir. No tenía saldo en el móvil español, no tenía móvil dominicano, no sabía donde coger un taxi normal, que no fuera un concho (coches que siguen unas rutas y que van hasta los topes de todo tipo de gente). Viendo que no era demasiado lejos, me animé a ir caminando. Después de que me dijeran que no era tan peligrosa la ciudad, no podía pasarme nada. Dejé todo en casa por si acaso y estuve dudando si coger o no el móvil. Temiendo poder perderme, lo cogí para seguir el GPS, pero lo guardé en el bolsillo para no llevarlo a la vista.

Salí a la calle y fui siguiendo las calles que me parecían más luminosas, sin saber que me había adentrado en un “barrio”, zona que no debería recorrer, especialmente de noche (aquí, a partir de las 19:00). Me dio la impresión que un chaval me seguía, y cuando pasé por un sitio más oscuro, efectivamente, el chaval apareció y me asaltó, llevándose el móvil y saliendo por patas. Parecía tener más miedo que yo, que realmente lo que estaba era cabreado por perder el móvil.

En fin, que seguí caminando y llegué a una de las calles principales enseguida, busqué y pregunté por la calle donde estaba esperándome la moto y después de un buen rato caminando y maldiciendo al tribunal de selección que decidió mandarme aquí en vez de uno de los montones de maravillosos destinos que había pedido (habiendo quedad entre los 20 mejores, creo que merecía otra cosa, gracias ICEX), llegué a mi destino.

La chica se quedó extrañada que hubiera ido caminando y no hubiera cogido un taxi, como haría cualquiera que no tuviera coche aquí. Estuve un rato hablando con ella y con su hermana mientras caía una tormenta fuera. Me invitó a un futuro mercadillo en el que vendería la ropa que confeccionaba y viendo que se hacía tarde y el día se hacía demasiado largo para mí (no estaba con los mejores ánimos), me despedí y saqué mi “nueva” moto a recorrer en nada de tiempo, el mismo trecho que se me había hecho interminable .

Nota: el ICEX nos pidió que no mencionáramos su nombre ni sus siglas, pero viendo el caso que me hicieron cuando me preguntaron dónde quería ir, yo les corresponderé con la misma atención. Si hubiera sabido la situación actual en julio, hubiera rechazado la beca y los hubiera mandado a reírse de sus respectivas madres con toda la razón del mundo. Si no lo hice entonces fue porque era mi última oportunidad por edad. Pero bueno, hay que seguir adelante, sólo es un añito y las cosas podrían ser peores. El trabajo no está mal, aunque no le pueda llamar trabajo porque es una beca, con la moto voy y vengo rápidamente y el piso ya va teniendo menos mugre que quitar, y con un poco de cuidado se puede ir a casi todos los sitios. Después de ver la zona colonial mejoró mucho la visión que tenía de la ciudad. Y la gente que he conocido aquí es simpática y me llevan a conocer la ciudad. Y ya me voy acostumbrando al ruido de fondo de cláxones, de la música del colmado/pista de baile, y de los silbidos y gritos de la gente de los conchos y “buses” cochambrosos.

Casi dos semanas después, tengo que ir a hacer la denuncia del robo a la policía, a ver si el seguro se digna a cumplir su función.

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